Arrayán

D.O Méntrida | D.O Cebreros, Santa Cruz de Retamar, Toledo, Castilla La Mancha

Arrayán es el fruto y la ilusión de sus fundadores, empeñados en crear un viñedo basado en innovadoras técnicas vitícolas y, a la vez, integrado perfectamente en el ecosistema de la dehesa mediterránea, capaz, además, de producir vinos de alta calidad y personalidad. Para ello, Richard Smart, experto australiano en viñedos, realizó un exhaustivo estudio del relieve, suelo, clima, exposiciones y orientaciones más favorables y sobre las variedades que más se adecuaban al terreno. Comenzó así, en la zona más alta de la finca, la plantación de las variedades Syrah, Merlot, Cabernet sauvignon y Petit verdot, respetando en su integridad el bosque autóctono de encinas centenarias que rodea y salpica el viñedo, y que acoge y ampara bajo su sombra a gamos, ciervos, jabalíes, liebres, perdices e increíbles aves rapaces. Con su relieve suavemente ondulado, el río Alberche discurre por su valle, dotando de verdor y de hierbas aromáticas a todo el entorno en el que están enclavadas las viñas. La ausencia de pastoreo ha podido ayudar a provocar este singular ecosistema. Al poco tiempo de comenzar la aventura se incorporó la enóloga Maite Sánchez, que descubrió Méntrida por casualidad. La juventud de Maite no debe despistar. En sus cerca de 30 años ha vivido vendimias en lugares como Rioja (Remírez de Ganuza), Ribera del Duero (Alión y Vega Sicilia) y Priorat (Clos Mogador). Además amplió horizontes vendimiando en Borgoña, Chile y Nueva Zelanda. Maite se encontraba en Borgoña cuando recibió la llamada de María Marsans en agosto de 2009. Ambas unieron sus caminos en una acertada decisión por ambas partes que hoy resulta ser uno de los proyectos más frescos e interesantes de la D.O. Méntrida. Maite vio grandes posibilidades en esta zona emergente, que hasta hace poco se asociaba con vinos cálidos y algo rústicos. Con el apoyo de María convirtió todo el viñedo a ecológico para tener más tipicidad. Se centró básicamente en el suelo y en la finca buscando un trabajo de viña más tradicional. En la bodega fermentaba sus mostos únicamente con levaduras autóctonas y haciendo bazuqueos, un trabajo más lento y artesanal. Los esfuerzos invertidos merecieron la pena. Los vinos de Arrayán tienen personalidad, cada uno refleja su origen con elegancia. A las variedades iniciales del proyecto Maite incorporó otras locales como Garnacha y Albillo real.

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